
TERCERA CINTA: DONDE, ANTES DE HABLAR DE LOS VASCOS -ETA Y EL MLNV- QUE QUIEREN HACER UNA REVOLUCION SOCIALISTA, SE EXPLICA EL COMO Y EL POR QUE DEL HUNDIMIENTO DE LA UNION SOVIETICA Y SU "SOCIALISMO REAL"
El "error Stalin": matar los cuerpos, matar los ánimos, matar la memoria, matar la Historia, matar la credibilidad y el proyecto.
Pero esa alianza se rompió cuando el modelo soviético se encauzó a partir de los años treinta mediante una extracción masiva de recursos ejercida por el Estado soviético sobre los campesinos. Se rompió al producirse entre 1930 y 1935 la colectivización forzada de la agricultura. Que, además, provocó el desarrollo de un aparato policial que pronto consiguió autonomizarse de la sociedad e incluso del partido. Ese aparato policial se convirtió en el lugar de cristalización de una nueva clase y de la transformación del Estado. Apareció así una "burguesía de Estado", que recibía una parte de los excedentes que no había creado, una parte de la plusvalía que no había creado. Aún más, el Estado soviético (que ese aparato policial convirtió en opresor de los campesinos y se reforzó por esa función represiva) se sintió capaz de romper cualquier resistencia de la clase obrera. Y, por ello, impuso a esa clase una política de diferenciación y desigualdad agudas de los salarios en la industria, que facilitó la extracción de plusvalía para esa "burguesía de Estado". A la que sólo le faltaba, para ser auténtica burguesía, la capacidad de invertir individualmente una parte de esos excedentes en medios de producción.
Déjame que te lea ahora un párrafo en el que un notable teórico e historiador marxista ha descrito con rotunda crudeza el feroz uso que Stalin hizo de ese aparato policial:
"utilizó todos los recursos del terror y del engaño para impedir que los obreros, y el pueblo en general, reclamaran sus derechos y su legado revolucionario... Como director de las purgas, Stalin fué el descendiente de Cromwell y Robespierre. Su terror fué mucho más cruel y repugnante que el de éstos, pues él ejerció el poder durante un período mucho más largo, en circunstancias más sobrecogedoras y en un país acostumbrado a lo largo de siglos a la bárbara brutalidad de sus gobernantes... El stalinismo, en efecto, puede describirse como la amalgama del marxismo con el primordial y salvaje atraso de Rusia".
Los años treinta fueron los años de las "purgas" masivas. El terror de ese período que llegó hasta comienzos de 1939 fué, en palabras de ese mismo historiador:
"equivalente al genocidio político: destruyó toda la especie de los bolcheviques antiestalinistas. Durante los siguientes quince años del régimen de Stalin no quedó en la sociedad soviética, ni siquiera en las cárceles y los campos de concentración, ningún grupo capaz de plantearle un desafío. No se permitió la supervivencia de ningún centro de pensamiento político independiente. En la conciencia de la nación se produjo un tremendo hiato; su memoria colectiva fue despedazada; la continuidad de sus tradiciones revolucionarias fue liquidada; y su capacidad de formar y cristalizar cualquier noción anticonformista fue destruida. La Unión Soviética quedó finalmente, no sólo en su política práctica, sino incluso en sus procesos mentales ocultos, sin ninguna alternativa frente al stalinismo".
Quiero que te fijes muy bien en unas frases de ese párrafo que te acabo de leer : En la conciencia de la nación se produjo un tremendo hiato; su memoria colectiva fue despedazada; la continuidad de sus tradiciones revolucionarias fue liquidada. Recuérdalas bien, por favor, porque son cruciales para entender lo que ha pasado en la URSS. "Sin teoría revolucionaria no hay práctica revolucionaria" enseñó Lenin. Pero esos terribles años del régimen de Stalin destruyeron a la pléyade de los teóricos revolucionarios en la URSS y con ellos la teoría revolucionaria. Por otra parte es igualmente importante que no caigas en la trampa de otra explicación sencilla de una realidad compleja. La que supondría que creyeras que Stalin sólo se apoyó en el terror, que sólo gobernó gracias al terror. Eso es falso. Además de que usó y abusó del terror, hay pruebas de que Stalin tuvo (y se ganó) la adhesión, el respeto y el afecto de decenas y decenas de millones de sus conciudadanos. Por muy buenas y ciertas y evidentes razones para ellos. Te mencionaré dos de ellas. En primer lugar recuerda que ya hemos visto como la invasión alemana proporcionó a los soviéticos una prueba aparente de la clarividencia de Stalin. Cuando se produjo el intento capitalista de triturar a la URSS efectivamente diez años después de que Stalin dijera que serían aplastados si no se industrializaban en diez años al coste que fuera. Y cuando los soviéticos tuvieron la evidencia de que para frustrar el ataque nazi fueron decisivas las fábricas industriales levantadas en esos diez años. Trotsky había predicho ese ataque aún con más precisión citando expresamente a Hitler. Pero sólo un puñado había podido leer clandestinamente el artículo de Trotsky mientras que la máquina de propaganda de Stalin había marcado a fuego sus palabras en la mente de los ciudadanos soviéticos.
En segundo lugar, fué también Stalin el que aparecía ante las masas rusas como el responsable supremo del gigantesco esfuerzo que, ante el avance nazi, transladó de las regiones centrales al Este del país, al Volga, a los Urales y a Siberia una impresionante parte de sus fuerzas productivas. Sólo en el segundo semestre de 1941 se transladaron 2.593 empresas industriales. Esa fantástica evacuación exigió no sólo transportar máquinas e instalaciones sino también millones de trabajadores y sus familias. Y en 1941-1942 se evacuaron al Este centenares de miles de toneladas de materias primas. Y se consiguió hacer funcionar rápidamente toda esa industria transplantada de forma que la URSS fabricó en 1941-1945 cinco veces más morteros que la Alemania nazi, cinco tanques por cada dos fabricados por los alemanes, tres aviones de combate por cada dos fabricados por los alemanes y casi cinco piezas de artillería por cada tres fabricadas por los alemanes.
Y Stalin apareció indiscutiblemente para las masas rusas durante la guerra no sólo como el jefe del gobierno y del partido sino también como el Jefe Supremo de los ejércitos que derrotaron a la Alemania nazi. Todos los soviéticos lo sabían. Como sabían que no abandonó su puesto de mando en el Kremlin ni cuando los nazis estaban a pocos kilómetros de él. Cuando la Alemania nazi capituló hubo una frase que se convirtió en dicho popular: "¡Donde está Stalin, está la victoria!".
La muerte de Stalin se anunció el 6 de marzo de 1953. Sólo mucho tiempo después se supo que el dolor y la angustia que sufrieron ante esa noticia centenares de miles de moscovitas les echaron a la calle para intentar rendirle un último homenaje saludando a su cadáver. Y que ese intento masivo provocó tales avalanchas y aglomeraciones que aún hoy no se sabe si fueron sólo centenares o miles las personas que murieron aplastadas, pese a que Moscú había sido aislado para evitar que acudiera gente de provincias.
Casi tres años después (del 14 al 25 de febrero de 1956) se celebró el XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética. En él se produjo una denuncia pública del culto a la personalidad por el secretario del partido y entonces líder de la URSS, Jruschov. Quien en sesión secreta pronunció un discurso que desmontaba ideológicamente el mito de Stalin y se distribuyó a las organizaciones locales del partido y a los partidos comunistas extranjeros. Se produjo una desestalinización de la URSS. Pero parcial. Insuficiente.
Voy a leerte lo que, cincuenta años después de la Revolución Rusa, denunció el excelente historiador marxista al que antes cité:
"la sociedad soviética no se conoce a si misma y está intensamente consciente de ello. La historia de este medio siglo es un libro cerrado incluso para la intelectualidad soviética. Al igual que alguien que ha sufrido amnesia durante largo tiempo y apenas empieza a recuperarse, la nación que no conoce su pasado reciente no entiende su presente. Décadas de falsificación stalinista han producido esta amnesia colectiva; y las medias verdades con que el XX Congreso ha iniciado la recuperación están obstruyendo el progreso ulterior. Aún en este año de aniversario, la mayoría de los dirigentes de 1917 siguen siendo no-personas; los nombres de la mayoría de los miembros del Comité Central, que dirigieron la insurrección de Octubre, siguen siendo inmencionables. Al pueblo soviético se le pide que celebre el gran aniversario, pero no se le permite leer una sola descripción de los acontecimientos que celebra. (Tampoco dispone de ninguna historia de la guerra civil)".
Me importa mucho que te des bien cuenta de la importancia estratégica del hecho de que durante decenios el pueblo soviético ha vivido en una amnesia histórica traumáticamente provocada. Y me importa tanto porque es importante para entender lo que ha pasado en la URSS como porque un proceso análogo (otra amnesia histórica traumáticamente provocada) es fundamental para entender lo que ha pasado mucho más cerca de tí y de mí: en el Estado español. Pero volvamos a la URSS. Cuando se levantó una punta (sólo una punta) del velo que ocultaba su historia, la "burguesía de Estado" arruinó su credibilidad entre las masas.
Ese historiador que vengo citándote, que se llama Isaac Deutscher, lo explicó con agudeza:
"En la Unión Soviética la crisis moral de los años post-stalinianos consiste en una profunda conturbación de la conciencia histórica y política de la nación. A partir del XX Congreso la gente ha cobrado conciencia de que una gran parte de las cosas en que una vez creyó eran falsificaciones y mitos. Los soviéticos quieren enterarse de la verdad, pero se les niega el acceso a ella. Sus gobernantes les han dicho que virtualmente todo el historial de la revolución ha sido falsificado, pero no han revelado el verdadero historial".
Esa última frase detecta un error garrafal de la cúpula soviética. Al explicar a su pueblo que habían estado mintiéndole treinta años y, a la vez, NO clarificar esas mentiras, destruyeron su credibilidad. Perdieron la confianza de su pueblo en la veracidad de sus palabras, basando esa pérdida en su propia confesión de ser embusteros y falsificadores no corregidos.
Esa falta de credibilidad explica en buena parte cómo las masas soviéticas se han entregado tan ingenuamente a la ilusión por el "american way life", por el modo americano de vivir, que ha creído a pies juntillas que es tal y como han visto por televisión. Cuando la aceleración por la Presidencia Reagan de la carrera de armamentos terminó por romper el espinazo de la economía soviética, en su esfuerzo por mantener aquel ritmo, los ciudadanos soviéticos fueron a la vez, agudamente conscientes del deterioro de su economía e ingenuamente crédulos en la realidad del "paraíso capitalista", incapaces de defenderse contra la propaganda americana.
Puedo contarte mi propia experiencia personal. Cinco miembros de mi familia y un grupo de amigos y camaradas viajamos durante cuatro semanas del verano de 1990 por Moscú, Leningrado y Riga. Pudimos comprobar personalmente que nosotros sabíamos una parte considerable de detalles y de hechos de la Revolución Rusa y de la guerra subsiguiente que desconocían los, por otra parte, excelentemente preparados y eruditos guías de los museos revolucionarios. Sencillamente porque, siendo incluso algunos de ellos estudiosos del período con nivel de docentes universitarios, no habían tenido acceso -por ejemplo- ni a la Historia de la Revolución Rusa de Trotsky ni a la monumental Historia de la Rusia Soviética de Carr.
Igualmente pudimos comprobar la absoluta desinformación de los ciudadanos soviéticos (ya fueran "hombres de la calle", altos funcionarios del Partido, alcaldes elegidos ya popularmente o personal de servicios en contacto frecuente con extranjeros) sobre la realidad de los niveles de vida y de ingresos en Europa Occidental y Estados Unidos y sobre la situación en Latinoamérica y en el resto del Tercer Mundo. Y su absoluta fascinación por el "american way of life", su creencia ingenua en la prosperidad y la riqueza de todo el que tiene la suerte de vivir en un país capitalista. Tendrías que haber visto los inútiles esfuerzos de algún miembro de nuestro grupo para convencer a sus interlocutores soviéticos de que el sueldo que él cobraba cada mes era la mitad del sueldo que, según ellos, era el mínimo que cualquiera cobraba en Occidente.
Nos asombró encontrar en ellos unas excepcionales dosis de lo que los psiquiatras llaman "auto-odio", de automenosprecio, de minusvaloración sistemática de su país, de su ciudad, de su barrio, de sus condiciones de vida y de trabajo que pueden sintetizarse en su absurda (pero creída a pies juntillas) definición de la URSS como "una Angola con armas nucleares" o "un país del Tercer Mundo con bombas atómicas".
Es claro que todo ello demuestra que los Estados Unidos no sólo han vencido en la "guerra fría" al destrozar la economía soviética forzándola a unos niveles de gasto en armamentos insoportables para su PNB. Sino que, además, han vencido en la lucha ideológica, en las mentes de una gran parte de los soviéticos. Que ello haya sido así es, sin duda, una ironía en la patria del Lenin que escribió hace noventa años que "Debemos ir a todas las clases de la población como teóricos, como propagandistas, como agitadores y como organizadores". Pero es perfectamente comprensible y, otra vez, achacable a los dirigentes del sistema.
Después de arruinar su credibilidad al confesar al pueblo que el Partido le había estado mintiendo durante treinta años, esos dirigentes siguieron mintiéndole sin explicarle las mentiras anteriores y siguieron restringiendo la información sobre el mundo exterior a la URSS. Y cuando el mundo exterior se les coló en las pantallas de los cines que proyectaban películas norteamericanas y se metió en las casas de los ciudadanos por las pantallas de los televisores, esos ciudadanos carecían de cualquier información en la que creyeran, capaz de filtrar y tamizar y depurar críticamente las imágenes que veían.
En fin, como has visto y a pesar de lo que la propaganda yanqui vocea por todo el mundo (estentóreamente y ocultando los hechos básicos), los hundimientos de la URSS y del Pacto de Varsovia no demuestran que el capitalismo sea mejor que el socialismo. Sino que tan sólo demuestran que las potencias centrales de la economía-mundo capitalista han resultado ser, después de más de setenta años y dos estrepitosos fracasos bélicos, más fuertes en la defensa económico-militar del sistema capitalista que el ataque concreto a ese sistema en que cuajó en Europa el movimiento socialista desencadenado por la Revolución Rusa.